Crecer de golpe
Año a año, Punta del Diablo deja atrás su pasado de remanso de tranquilidad. Hoy es un balneario cosmopolita que se desarrolla desordenadamente y con informalidades bien uruguayas.
En Punta del Diablo, Paula Barquet, Diario El País
Caminar desde el centro de Punta del Diablo hasta Playa Grande implica andar un par de kilómetros por la arena casi siempre hirviendo, eludiendo rocas resbaladizas y subiendo dunas lo suficientemente empinadas como para que, al llegar, la sensación sea de haberse consagrado un auténtico aventurero. Pero el premio era -así, en pasado- aun mejor: tras el último repecho, contener la respiración y al levantar la vista, uno era bienvenido al Paraíso.
No es que haya desaparecido la playa o que ahora en vez de olas gigantes y eventuales ballenas se vea agua marrón. Nada de eso. Quizá suene exagerado, pero el paisaje de Playa Grande no es el mismo: ahora incluye bloques, montañas de pedregullo y arena. Se trata de un par de casas particulares a punto de ser terminadas, muy lindas para algunos, pero el símbolo de un cambio irreversible para otros.
Punta del Diablo crece desde la década de 1980; no es novedad. Pero hace 15 años el crecimiento se disparó, en los últimos cuatro se agudizó, y del verano pasado a este parece otro balneario.
Ya había varias residencias en la playa de La Viuda y hace tiempo que las inmobiliarias la venden como la zona más exclusiva. Pero ahora hay 20 construcciones más, todas sobre dunas -a menos de 250 metros del mar- y algunas de ellas similares a las que se pueden encontrar en José Ignacio o incluso en Punta del Este.
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